DÍA 3 · Diario de ruta ·TRINCHERAS · Lake Caspe · Lécera

*Surrealismos...


*
Despertador a las 8.
Agarrotado el cuerpo del frío y formas de la furgoneta.
Vestuario de bicicleta.
En el bar pido una tirita para mi herida.
Festejan el encuentro con un “Es un tirita de las buenas. De las que se cortan” (adjunto exclamación).
Un minuto más tarde la tirita ya no está donde debe.
Bicicleta. Cielo nublado. Camino de carro y, para variar, silencio.
El camino bordea el río. Desde el río alguna lancha.
Yo pedaleo. 26 kilómetros a la vista.
Es un río mar.
De repente águilas, castillo de tierra roja, rocas delante y algún pez volador. Paro. Película.
Pasa una barca que crea una ola. 5 minutos antes. 5 minutos después.
Arranco. Pedaleo. Dos horas. Veo el embarcadero. Llego.
Orden, ducha y salgo. A Caspe.

Extraño Caspe. Desde abajo bonito. Desde dentro extraño.
Yo extraterrestre llegado de Barcelunar.
Ordenador, sombrilla y desayuno.
Camino poco. Veo a un niño y juro que esto es cierto.
Niño pelirrojo, de 6 años, gafas, rebequita azul y camisa a rayas.
Niño dice cogido de la mano de su papa:
“¿Papa, papa, me cuentas aquel chiste de Jaimito?” Me voy.
Hoy carretera recta.
Yo, borracha de paisajes saco la cámara por la ventana.
A veces, me paro, cigarro.

Entonces lo veo. Lo paso. Freno. Vuelta? Vuelta.
“Vestigios de la Guerra Civil”. Camino rural.
Adentro. Veo una guarida. Pienso yo -escéptica de ciudad- un “ah, solo es eso”.
Paro furgoneta. La oriento a carretera por si hay que huir y subo el montículo hacia guarida.
Trincheras.
Y de repente me emociono. Mucho.
Estoy sola, caminando por trincheras, en medio de la nada.
Metros y metros de trincheras. Y cada cuanto una cueva donde entrar y una fisura desde la que disparar. La verdad? Estoy alucinando.
Y aún no he llegado a Belchite. El destino de hoy.
Y paso por Chipriana y que bonito. Y en el puente coches, carpas y pescadores.
Me pierdo por un camino y encuentro un lago. salinizado . Rareza. Y dos hombres debajo de un árbol
De repente Frank Sinatra en la radio y la larga carretera. Pienso que estaría bien una jirafa en el paisaje.
Avanzo. Molinos eólicos y placas solares en compañía de ruinas de adobe y montañas del desierto.
Podría estar así el resto de mis días.

Belchite. Lo veo. Me muero.
Primero hostal. Pregunto en el de la carretera. Está lleno dice el hombre. Yo creo que está muerto.
Y dice que no hay más. Vale. Pues aparco y a por Belchite.
Pongo en precedentes. Belchite fue bombardeado. En la guerra civil.
Y no quedó casa en pie. Construyeron un nuevo Belchite.
Y Franco decidió dejarlo (para mostrar lo malos que eran los republicanos) y reconstruir un nuevo Belchite (para mostrar lo bueno que era él).
Estoy al borde de un ataque al corazón. Además no hay nadie. Me cruzo 4 almas.
Paseo por un pueblo fantasma que tuvo iglesias, catedral, molino, casas y hasta torre del reloj.
Ruinas por las que andar viendo balcones sin suelo, fachadas sin casa y arcos sin tejado.
¿Quién protege esto?
Y mientras pienso, 7 niños de película, de los que me ponen nerviosa, tiran ruinas desde el primer piso de una casa y se ríen mientras el suelo se desploma. Si.
Pienso idiotas y les regalo un pero que haceis!?.
Uno dice para, para. Los otros me miran. De repente uno se ríe.
¿En que película estoy hoy?
Suficiente por hoy. No me aguanto y tengo que dormir.
Próximo pueblo allá voy. Lécera. En la gasolinera un letrero. “Hotel”.
Paro. Pregunto al hombre Repsol. Hombre Repsol me dice que si y me pide el DNI.
¿Perdón? Si, si es que el hotel está justo aquí detrás y yo hago el registro.
Buñuel!! Sácame de aquí!
El hotel es una casa entre colonial de Nicaragua y burdel de aquí. Me encanta.
Una plaza con un tanque de guerra y una fuente con tortugas de piedra.
Alrededor, edificio de planta baja con porche y en él 7 puertas a 7 habitaciones.
La 5 es la mía.
No pienso salir de aquí.
A dormir.







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