HOME ¿Dulce hogar? · Ursula Meier (2008) · PELÍCULA, PELICULÓN

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Película, peliculón..

Tengo algunas obsesiones. También mis pesadillas. Desde siempre.
La más grande es la de que una carretera, autopista, rotonda invada algún día, lo que algún día (redundancia) será mi casa.
Por contraste he tramado una idea. Se deberían poder comprar terrenos, cabañas, parcelas con una escritura que nos asegurara de por la vida la no invasión por asfalto a "x" kilómetros de distancia.
Uno pagaría más, claro. Como el que quiere vistas al mar. Pero es que yo no quiero vistas al mar.
Quiero que me aseguren que ningún asfáltico se acecará a mi.

Ni a la casa que aún no tengo.
Ya llegará ya.. Campo que vengo.

Pues aparece la película de Ursula Meier ayer y por casualidad.
Festival de emociones para mi. Y creo que para muchos los que se pasean por aquí.
Señores está en Filmin. Por 2,99 euros.

Y madre mía con la fotografía. Se adjuntan aplausos.

Cuentan en Notodo.com...

"Normalmente, la felicidad pende de un hilo muy frágil, de una casualidad desafortunada, de un encuentro o un quiebro de la vida insospechado (llámenlo crisis económica, si quieren). Nadie está a salvo de ello, ni siquiera aquellos que en su huida hacia delante hacen de su capa un sayo y crean su propio universo. La sociedad, señores, extiende sus tentáculos hasta límites insospechados y les encontrará allá donde estén. Así las cosas, la cineasta franco-suiza Ursula Meier (Besançon, Francia, 1971) nos presenta su primer trabajo de ficción (previamente hubo buenos documentales y mejores cortos), Home, ¿dulce hogar?, la historia de una peculiar familia que vive feliz y en armonía en su casita de campo, aislada del mundanal ruido de la ciudad. Su único vecino es una autopista abandonada que utilizan a su antojo, bien como lugar de juego, bien como trastero. Hasta que la autopista se abre al tráfico y su remanso de paz se convierte en incesante trasiego de coches y ruido de claxon (metáfora de la sociedad de la que huyeron). 

La felicidad endogámica y excluyente que la familia había creado se convierte bajo estas nuevas circunstancias en cóctel molotov y germen de patologías (previamente latentes) cuando la sociedad (suciedad) les invade y son incapaces de adaptarse y aceptarlo. Tal y como lo percibe la propia Meier entre ellos (madre, padre y tres hijos) hay como un pacto tácito en la obstinación en querer seguir viviendo en esa casa, una voluntad casi inconsciente de conservar un hogar ‘ideal’, de aferrarse a un mundo de armonía familiar... Ese repliegue y esa creciente fusión dan lugar a extraños momentos de felicidad, gracias a los cuales la familia encuentra la fuerza para enfrentarse a ese mundo hostil que es la autopista. Pero a fuerza de obstinación, ya no se sabe quién representa 
el mayor peligro, si la autopista o la familia.



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