LAS ALTERACIONES MINÚSCULAS · Una alfombrilla en un vestíbulo · BE MY GUEST · De usos y juicios.



Apareció un día.
Ella.
La alfombrilla.

Era un espacio sobrio.
Perfecto incluso.
Ovalado.
Liso.
Llano.
Compensado.

Vestíbulo. Que extraña y arrogante palabra.

Dos ascensores de puertas simétricas.
Dos puertas de acceso a dos casas.
Unidas por una curva. Leve.
Y simétricas también.

En el techo una lámpara.
Colgante, redonda.

El techo, el ovalo, hundido.

Y una puerta.
De salida.
Centro de simetrias y acceso a la emergencia.

El suelo, mármol.

Todo blanco, crema, mármol.

La cirugía era posible. Allí.

La meditación también.

Arquitectura pequeña, elegante, suficiente.

Suficiente.
Era arquitectura suficiente.
Suficientemente perfecta.
Para no necesitar nada más.

Allí, la calma.

Pero llegó.
Ya lo dije.

Una alfombrilla.

Es azul oscuro.
Se mueve si la tocas.
Los pelos en punta.
Y en marrón pone BE MY GUEST.


Cualquiera se pondría a explicar los dolores.
Y ha pasado un año.
Y aquello del " a todo te acostumbras" se presenta mentiroso.

Y la alfombrilla le sigue doliendo al espacio.

La sigo mirando.

"Sobras" le digo.
"BE MY GUEST" me contesta.

Y hay que quedarse pensando.
Cuando la arquitectura necesita, cuando en la arquitectura sobra.
Las pequeñas alteraciones domésticas dan que pensar.

Pues auméntenlas... y conviértanlo al urbanismo.
Que pasa cuando tal toca cual y cual altera tal.

Yo, ya no medito en el vestíbulo.
Vestíbulo suena grande, señorial. Ya lo he dicho.
Incorrecto es.
Pero a la otra palabra, la guardamos en la punta de la lengua.

Welcome.



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