Y de repente, 3 bancos · Empúries · Clara Nubiola








Solo 3 bancos.

Imaginen una pequeña planicie "salvaje".
Frente al mar, ejerciendo de mirador natural.
Un lugar de piedras, matas y arena.
Una planicie con antojo peninsular.
Pero al fin, solo un saliente, semicircular.
250 grados de mar.
10 metros de perímetro.

Uno podría detenerse a mirar donde quisiera.
Alguien podría sentarse en piedras, arena o maleza.

Pero hay 3 bancos.

Distan el uno del otro 5, a lo sumo 6 metros.
Uno mira al norte. Otro al este. El último al sudeste.
Aproximadamente. Inventando brújulas.

Son bancos de ciudad.
De plaza y asfalto.

Alguien decidió ubicarlos allí.
Evidenciando lo evitable.

Aquí puedes sentarte.
Aquí puedes mirar.
Aquí puedes descansar.

Una vez más la mano asistencial.
Yo, te ayudo, te oriento, te siento.

Parate aquí.
Las vistas son bonitas.
Siéntate aquí.

Las invitaciones a descansar deberían ser sutiles.
Las intervenciones en lo "salvaje", invisibles.

Mientras yo, entrecomillo al "salvaje".
Porque la planicie estaba rodeada.

De caminos de ronda asfaltados.
De vallas que protegen dunas.
De escaleras que facilitan.
De pueblos al fondo.
De mares delante.

Bancos, feos.

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