22@ o el triángulo de las Bermudas · Barcelona



















Hoy recupero una frase que escribí el 2 de enero por aqui y así, retomo tema..

“Un 22@ con serios problemas de pues mira yo lo que he hecho. Pues yo más”.

Se debate, habla, escribe, reflexiona sobre el cómo deberían ser las ciudades. Palabras, ensayos, publicaciones, blogs, textos que hablan de lo que funciona, de lo que no, de la arquitectura, del edificio, de las formas y los arquitectos. Divagaciones que deberían llevarnos a mejorar, a aprender, a pulir.

Luego –quiero decir antes, siempre, después- uno se tropieza con la realidad. Una extraña realidad que nos muestra una y otra vez que seguimos sin aprender o que, quizás, alguna vez aprendimos y luego decidimos olvidar. Que el ego prima a la lógica, que se premia el mira que he hecho, que original, que bueno que soy.
Que el libre albedrío campa a sus anchas y que lo importante es destacar.

Desde hace unos meses me tocar pasar por el triángulo de las Bermudas, allí donde desaparece el sentido y se ahogan las humildades; la área comprendida entre la avenida Diagonal, la calle de Ávila y la calle Sancho de Ávila.
Una porción del 22@.
Lo miro, lo veo crecer y no entiendo nada.

¿Cuáles fueron las premisas?
¿Construya a sus anchas?
¿Haga usted lo que quiera?

En medio, sobrevive cada vez más oculto, el edificio de Can Framis de la Fundación Vila Casas y su jardín, uno de los primeros en llegar y frustrado hoy por un caos de formas y colores que no deja de crecer.

Sin juzgar –aunque no falten opiniones- la mayor o menor calidad de algunos de estos edificios, es el caos el que me parece incomprensible.

Entiendo que una dictadura estética sería injusta y que las opiniones totalitarias nunca fueron buenas pero al ver, al recorrer, ciertos paisajes urbanos de rabiosa (rabia rabia rabia) actualidad mi cabeza sueña, añora, ciudades a un color, de plantas y formas concretas y sobretodo, de armonía garantizada. Si. Vuelvo a nombrar la armonía.

Y al hablar de armonía retomo a la música, retomo al ritmo.
Lo siento. Seré antigua, anticuada o sosa pero en la arquitectura prefiero la música clásica a la psicodelia. La ciudad ya me parece suficientemente complicada como para que, además, me tenga que pasear entre edificios sin compás que son a la vista lo que para el oído pudiera ser pasearse cotidianamente entre altavoces al son de hardcore.

Me surgen mil preguntas. Preguntas de no arquitecta. Preguntas inocentes con soluciones aún más inocentes.
Me pregunto sino podría ser diferente.

Y miro Google Earth. Y veo el antes. El antes de fábricas hechas de ladrillo y uralita. Y añoro. Añoro el poble vell de Poble Nou.


Clara Nubiola

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